Existen olores muy agradables a nuestro olfato como por ejemplo el café, con solo olerlo despierta el deseo de beber más de un sorbo. Con esta afirmación como podríamos nosotros catalogar nuestro olor ante Dios? Somos olor fragante? Vamos a descubrir con una analogía el proceso para tener un olor fragante ante Dios.