hoy levantamos la persiana para despedir a un gigante. A un saxofonista al que muchos llamaron “coloso” sin exagerar ni una pizca: Sonny Rollins.
Se nos ha ido hace muy poco, pero suena uno de sus solos y la sensación es la contraria: que sigue aquí, probando frases, retorciendo melodías, caminando por ese puente de Williamsburg donde se retiró tres años para tocar solo, sin molestar a los vecinos y, de paso, revolucionar el instrumento.
El guitarrista Jim Hall, que no era precisamente un exagerado, dijo una vez que tocar con Rollins era “como ver pintar en directo a Picasso”. Esa es la idea del programa de hoy: asomarnos al lienzo de Sonny, cuadro a cuadro, tema a tema.
Hoy, que ya no está, nos queda eso: poner sus discos, escuchar sus solos y tener la sensación de que seguimos viendo pintar a Picasso delante de nuestros oídos.