Muchas veces nos aferramos a algo o a alguien que debe o tiene que irse y creemos que es amor cuando en realidad es apego. El apego duele, asfixia, desgasta y nos lastima por tanto miedo a perderlo. Hay que dejar ir nuestros miedos y dependencias para poder amar desde la libertad y no desde el miedo. ¡Suelta y deja ir a quien quiera irse! No pasa nada si lo mandas al carajo.