Cuando somos pequeños tenemos muchos
amigos. Nuestra vida está repleta de entornos sociales en los que interactuamos
con otros niños, en el colegio, en el parque… A medida que crecemos estos
espacios se reducen y nuestra capacidad socializadora a menudo se ve afectada
también. Hacemos amigos con menos facilidad, parece que somos más exigentes y
tenemos menos tiempo porque dedicamos muchas horas a trabajar.