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Se oyen martillos, se estiran telas, se tiñen hilos, se mide madera una y otra vez. En el campamento no hay aún un edificio levantado, pero ya hay un sentido de dirección: están construyendo un lugar para recordar, cada día, que Dios habita en medio de ellos. Éxodo 26 entra en los detalles del tabernáculo: cortinas, cubiertas, tablas, bases, velos. Puede sonar técnico, pero en realidad es una lección de cercanía: Dios no es una idea vaga; su presencia ordena un espacio, un centro, un pueblo.
By SerendypiaSe oyen martillos, se estiran telas, se tiñen hilos, se mide madera una y otra vez. En el campamento no hay aún un edificio levantado, pero ya hay un sentido de dirección: están construyendo un lugar para recordar, cada día, que Dios habita en medio de ellos. Éxodo 26 entra en los detalles del tabernáculo: cortinas, cubiertas, tablas, bases, velos. Puede sonar técnico, pero en realidad es una lección de cercanía: Dios no es una idea vaga; su presencia ordena un espacio, un centro, un pueblo.