Nuestra red de protección para la vida diaria no está hecha de cuerda; está tejida por elementos mucho más valiosos y delicados: está hecha de contactos. No sabemos en qué momento necesitaremos una pequeña (o gran) ayuda, y muchas de las veces en las que solicitamos apoyo, nos llevamos muchas sorpresas respecto a las personas que acuden en nuestro rescate.