El don del Temor de Dios es el don del amor. El temor aquí no es la experiencia humana ligada a los miedos y a las oscuridades provocadas por la duda, sino más bien, es el don que nos mueve a actuar desde el amor y nos hace apartarnos de todo lo que nos lleve a ofender al amor. Y cuando por nuestra fragilidad caemos es el que nos mueve a dolernos de nuestros pecados por el amor que le tenemos a Dios. Quien ama respecta, es obediente y dócil. Eso hace el Temor de Dios, nos conduce a que nuestra vida, desde la Libertad de quien ama, sea una alabanza perpetua a Dios. Esto don nos lleva a querer estar siempre en presencia De Dios, y suscita en nosotros el deseo de estar siempre en gracia, para vivir siempre en Dios. Es el don de los que buscan ardientemente la santidad desde la pureza de vida y la rectitud en las obras.