Educador, narrador, poeta, activista… Desaparecido. Secuestrado por un batallón militar. Cuando pasó, tenía 44 años. «Aquel a quien los dioses aman muere joven», decía el griego Menandro. Al guatemalteco Luis de Lión probablemente los dioses lo amaban y el poder lo odiaba. Llegó lejos como literato, pero probablemente hubiera llegado aún mucho más lejos si la represión en su país no hubiera acabado con él tan joven, tan temprano.