En la medida que vamos creciendo en nuestra práctica de la oración, ella se va transformando en el deleite de escuchar, hablar, y meditar en Dios. Es una negación a mi dependencia de mí mismo; es el arma para matar mi orgullo y mi pecado.
En la medida que vamos creciendo en nuestra práctica de la oración, ella se va transformando en el deleite de escuchar, hablar, y meditar en Dios. Es una negación a mi dependencia de mí mismo; es el arma para matar mi orgullo y mi pecado.