Se llamaba José María Gabriel y Galán. Fue muy popular en su tiempo, hace ya más de un siglo, y hoy está casi olvidado. Salvo en su tierra natal, Salamanca, y en Extremadura. En esta, en Extremadura, porque allí vivió y creó y porque en algunas de sus composiciones poéticas utilizó el dialecto extremeño al que ahora llamamos castúo.