Ante la gloria perfecta de Dios, no tenemos otro camino que morir, porque la paga del pecado es la muerte. Pero el Evangelio echa fuera el temor y nos permite abrazar la gloria de Dios.
Ante la gloria perfecta de Dios, no tenemos otro camino que morir, porque la paga del pecado es la muerte. Pero el Evangelio echa fuera el temor y nos permite abrazar la gloria de Dios.