Caleb sólo podía ver una cosa: todo ese territorio, con todas las aparentes dificultades, era una tierra prometida por nadie menos que Dios el Señor, quien era fiel para cumplir sus promesas.
Caleb sólo podía ver una cosa: todo ese territorio, con todas las aparentes dificultades, era una tierra prometida por nadie menos que Dios el Señor, quien era fiel para cumplir sus promesas.