Esta promesa de Dios se cumple plenamente en Jesucristo, el Buen Pastor. Pero… ¿Qué significa hoy ser un sacerdote según ese Corazón?
Ser sacerdote no nace solo de talentos o capacidades humanas. Nace de una llamada de Dios. Es dejar que la vida se configure con Cristo para ser un reflejo suyo en medio del mundo.
El sacerdote está llamado a ser una presencia que acompaña, que escucha, que anuncia esperanza y que acerca a las personas al amor de Dios. No es alguien perfecto, sino un hombre que, aun con sus propias fragilidades, se deja transformar por Dios para servir a los demás.
En un mundo lleno de ruido, el sacerdote aprende a volver al corazón, porque ahí se encuentra con Dios y desde ahí puede caminar junto a quienes buscan sentido, fe y consuelo.