Muchas veces, sin darnos cuenta, nuestras relaciones están dirigidas por un niño interior herido, aquel que vivió carencias emocionales, rechazos o abandonos y que aún busca protección y reconocimiento. Este niño herido se manifiesta en nuestras inseguridades, en el miedo al rechazo, en la necesidad de aprobación o en la dificultad para poner límites. Cuando no somos conscientes de su influencia, dejamos que el pasado determine nuestras relaciones, repitiendo patrones que nos alejan de la plenitud y el bienestar. En este espacio, exploraremos cómo identificar y sanar esas heridas para construir vínculos más sanos y auténticos.