Cuenta la leyenda que en una noche de 1713, Giuseppe Tartini, obsesionado por la composición perfecta, soñó al diablo. Éste se le aparecía con un atuendo hermoso y perfecto, proponiéndole un pacto. Le otorgaría un violín, con el que tocaría la melodía perfecta, pero, a cambio, el músico le daría su alma. Tartini, ansioso y cegado por la ambición aceptó sin pensarlo dos veces.
Entonces, el diablo comenzó a tocar una melodía fascinante, ¡gloriosa!, con una destreza y facilidad que el propio músico quedó impresionado al escuchar aquellas notas perfectas provenientes de un ser que, todos decían, era horrendo y malicioso. Sin embargo, lo que él veía era un hombre de belleza deslumbrante, que disfrutaba tocando el violín, del cual emanaba una melodía placida y pacífica. Si así era el demonio, pensó, ¿cómo serían los ángeles?.