Publicitada en su momento como “zona liberada”, la red informática mundial se parece tanto a un gran cerebro interconectado como a un inmenso campo de entrenamiento para la subjetividad. Como voluntad de poder que se despliega eyectándose desde sí misma, moviliza las energías emocionales de la población a escala descomunal. Su existencia significa también un salto cualitativo en la historia del control, con la propia y activa colaboración de la población. Instantáneo mecanismo de “barrer” el continuo brotar del “inconsciente” de una época, establece a la vez conductos de fuga que reconducen al sistema, como si fuera un adentro sin afuera. Los sistemas de vigilancia no siempre asumen forma de torre vertical, también de red arácnida. C. Ferrer