Su ingente producción musical se divide en música instrumental y vocal tanto religiosa como profana, de entre la que destacan sus más de cuarenta óperas, doce series de cantatas para todos los domingos y festividades del año y numerosos oratorios, como La muerte de Jesús (1755), Israel liberado (1759) o El día del Juicio (1762). Compuso también obras para celebraciones especiales, tales como oficios fúnebres, bodas y «toma de posesión de pastores». Telemann constituye una buena muestra de la música de su tiempo, pues sintetiza el contrapunto alemán y el concierto italianizante, así como la danza francesa (suite) y la ópera de Lully. Su actividad como director y compositor, estrechamente vinculada a la sociedad cortesana de la época, eclipsó en buena medida los nombres de Johann Sebastian Bach y Haendel, hasta el extremo de que éste último se fue a Inglaterra; pese a ello, ambos músicos profesaban por Telemann una sincera amistad y admiración.