Las figuras eclesiásticas han adquirido cierta relevancia hoy (en el contexto neotemplario y el protestante). Si bien, carecen del poder político que tenían (en la Edad Media) los cargos religiosos. Así pues, algunas personas, ya sea por vocación genuina o por otros intereses, prefieren hacer una carrera espiritual profesional y no laical dentro del marco de la religión. Sin embargo, están los que nunca han logrado (nada) en su vida privada o pública social y buscan sobresalir o sentirse importantes, ordenándose o nombrándose Obispos y Patriarcas en el ámbito Neotemplario. Y esto es porque, ese contexto, les permite hacer todo eso. Más por una cuestión estatuaria que legal o jurídicamente válida fuera de la organización que representa. Lo mismo pasa con los grandes cargos, que no hace mucho se les agregó general. Es decir que, antes (en este siglo) un Maestre o Mariscal se llamaba Gran Maestre o Gran Mariscal. Ahora se nombra (en las redes y estatutos) Gran Maestre General o Gran Mariscal General. Y esto no es una cuestión preocupante (para el mundo moderno) sino que denota una falta de reconocimiento social en estas personas y una carencia de rigor histórico en cuanto a lo que dicen haberse inspirado. Es decir l'Ordre du Temple de Jérusalem. Mención aparte merecen los que fueron militares y una vez en retiro desean mantener su status entre los de su misma condición o afinidad por el neotemplarismo. Una cosa es decir Soy templario porque sigo el ejemplo de los pobres caballeros de Cristo y no del templo de Salomón (porque ya no existía sino la mezquita de Alaqsa en este lugar). Y otra cosa es decir Soy templario, pero no soy leal a su legado histórico, porque me gustan los grandes cargos y medallas y títulos rimbombantes. Esos no son templarios, porque carecen del verdadero espíritu templario. Son... Neotemplarios. Así pues, para los que se dejan manipular o engañar muy fácilmente... Ustedes no siguen a Jesús ni siguen a verdaderos templarios. Que conste, que para ser templario en este siglo, al menos hay que poseer el espíritu templario. Y ese no se vanagloria con las pompas y los títulos de nobleza, que dicho sea de paso, no son verdaderos títulos de nobleza. A menos que un verdadero príncipe (de una casa real o linaje ancestral) te conceda una baronía, un condado, un marquesado, un ducado... Etcétera. Por último aclarar que Caballero, era un título medieval de baja nobleza, que sí poseían los templarios medievales. Hoy son grados meritorios y simbólicos, no para creerse grandes, pues en un caballero debe prevalecer el espíritu de humildad. Milord Jesucristo, nuestro Lord por excelencia, nunca hizo gala ni ostentación de títulos y grados. Y todos, o la mayoría, dicen seguir sus pasos y su ejemplo. Ser pobre caballero de Cristo (templario) en este siglo es, ante todo, ser un fiel seguidor de Cristo. Y también hacer honor al temple, al beauséant y a nuestro lema... Nnobis...