Domingo XXVII del Tiempo Ordinario, seguimos a los discípulos que
piden al Señor un aumento de la Fe después de lo que han visto de
la Parábola de Epulón y Lázaro. La respuesta del Maestro es tener
Fe como un granito de mostaza. De esa forma lograrán muchas cosas y
obtendrán muchos favores de Dios.
Por eso continúa animándoles a
sentirse servidores del Evangelio. Precisamente la respuesta es decir
“sí” al Señor con el sentimiento de unos servidores humildes
que han hecho lo que tenían que hacer. También hoy celebramos el
Día de Acción de Gracias.
De esta forma, así como el hombre daba
gracias al Señor por los frutos recibidos de la cosecha, la mayor
gratitud es por la Salvación y demás favores que él nos otorga con
sus gracias. Esta jornada también era una invitación para
arrepentirnos de todos nuestros pecados y alcanzar la vida en
plenitud.
Y junto a estos dos aspectos se une otro, también muy
importante: la petición para que no nos falte la ayuda del Dios
misericordioso. La Iglesia contemplaba desde la antigüedad este día
en varias celebraciones.
Una era en la Tercera Semana de Adviento, otra era en la primera Semana de Cuaresma. Y en el tiempo inmediato a
las recolección que coincidía con Pentecostés, estaba otra. La
última que aparece se sitúa entre finales de septiembre y los
primeros días de octubre.
Era el motivo que se pensaba por el que se
fijó el 5 de octubre. Actualmente se ha reducido a una sola jornada
el Día de Témporas con la petición y la Acción de gracias.
También se puede celebrar en las jornadas siguientes un día de