“A muchas familias les resultó muy difícil explicarle a sus hijos qué era la pandemia, por qué estábamos encerrados, por qué se hablaba de la muerte, del miedo y de la incertidumbre…Los chicos están muy presentes en la vida y la vida no es color de rosa. Hay una literatura infantil que pretende mostrar un mundo que no existe… Yo no tengo esa idea. Creo que el niño es un ser humano inteligente y sensible. Hay cosas que puede digerir y cosas que no. La presencia de la muerte y del dolor, están en la vida misma. Ningún niño es ajeno a eso”.
“Yo lo que observo en el mundo editorial es muy adultocrático. Hoy, las cuestiones de género son tema obligado… también en la literatura infantil. Está bien que un investigador o un especialista, hable de género con un niño, porque está buscando un camino de comprensión, de abordaje y de una problemática, pero cuando un poeta se pone a hablar de género sin saber más que lo que sabemos todos, termina haciendo una payasada... Yo diferencio la producción literaria real, de la producción exigida por las editoriales que está vinculada con los temas de moda, porque saben que este es el momento de hablar de eso, pero termina siendo superficial”.
“La escritura es una herramienta poderosa del ser humano, sobre todo en un momento de tanta crisis humana como l actual, más allá de la pandemia”.