Marcos 3:20-21 (La Palabra) Jesús llegó a casa y otra vez se juntó tanta gente, que ni siquiera les dejaban comer. Cuando algunos de sus parientes se enteraron, vinieron con la intención de llevárselo a la fuerza, porque decían que estaba loco. PENSAR: “Jesús llegó a casa…” ¡qué hermosa expresión! Se trata de la misma casa de Pedro en Capernaum, que fue su base de operaciones en la región, a donde llegaba con sus discípulos, donde sanó a la madre de la esposa de Pedro, donde tuvo muchas conversaciones edificantes y profundas con sus amigos y amigas, donde una vez rompieron el techo para poner en contacto con Jesús a un amigo que no podía caminar. Apenas estamos en el capítulo 3 del libro y ya esa casa la conocemos bien. Tanto que simplemente nos referimos así, con familiaridad, que “Jesús llegó a casa”. En este tiempo de pandemia y confinamiento, mucha gente ha tenido que aprender a quedarse en casa, a trabajar desde casa, a hacer las oraciones y estudios bíblicos desde casa, y es hermoso pensar que el Señor Jesús también está con nosotros en casa, así como dice el texto bíblico de hoy. Como en otras ocasiones, viene una gran multitud a la casita donde está Jesús. La gente viene a Jesús con sus necesidades, porque saben que Jesús es un predicador, profeta y maestro con gran poder, y que su actitud siempre es la de ayudar a toda persona necesitada. La multitud invade la casa, y ni siquiera les dejan un momento de respiro, para poder comer. La comida ya está lista. Pedro y su esposa, ayudados por su madre, han sabido ser buenos anfitriones de Jesús y de todo el grupo, pero la mesa se queda servida porque Jesús sigue atendiendo a la gente. Sin embargo, ahora hay un detalle nuevo. Son algunos de los parientes de Jesús. Vienen a llevárselo a la fuerza, a encerrarlo como si fuera una vergüenza, a tratarlo como si necesitara ser internado en una institución de trastornos mentales. Son los cuerdos, los ecuánimes, los moderados, los del sentido común, los adaptados a las normas del sistema en que vivimos, quienes juzgan que Jesús está loco. Son sus parientes, quienes se supone que lo conocen desde que era niño, y no pueden entender cuál es la verdadera identidad de este pariente suyo. ¿Y por qué dicen que está loco? Porque considera más importante dar la vida y hacer el bien que guardar una tradición religiosa obsoleta. Porque para él no hay conexión directa entre el pecado y la condición de discapacidad. Porque puede perdonar pecados. Porque es muy superior y tiene autoridad sobre todo principado y potestad, y sin embargo, se mantiene humilde y sencillo, hospedado en una casita que todavía tiene el techo descompuesto. ¿Por qué dicen que Jesús está loco? Porque ama. Porque para él es infinitamente más importante la vida del ser humano que las reglas y ordenanzas de los sistemas religiosos. Por todas estas razones, decimos como dice la canción: “Hay locuras para la esperanza… que no vale la pena curar”. Si a nuestro maestro y Señor lo acusaron así, debemos también nosotros vivir el amor y la humildad con esa misma medida. ORAR: Señor Jesús, enséñanos tus caminos, aunque muchos digan que son locura. Tu misericordia es eterna y llega hasta los cielos. Queremos ser más como tú. Amén. IR: Caminamos como peregrinos hacia nuestra verdadera ciudad, hablando palabras de paz.