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La desprogramación genética en caso de trasplantes, por muy insignificantes que estos sean, es básica y fundamental para que el receptor no sienta ningún tipo de alteración y cambio de dirección su vida sin que sea él quien lo controle.
Debemos ser conscientes de esto independientemente de que estemos de acuerdo o no con la técnica del trasplante. Cada uno es libre de elegir como vivir, pero siempre hay que intentar que sea de la mejor forma posible, sin complicaciones ni sufrimientos y si damos los pasos adecuados ante las elecciones de vida que vamos tomando es más probable que salgan bien o que estemos a tiempo de modificar lo que no esté en orden.
Así, admitir un órgano ajeno, es admitir todo lo que va con él y en este punto es donde el ADN tiene el lugar más importante y sobre el que primero hay que actuar, todo lo demás son acompañamientos sin mayor importancia.
Energéticamente hablando es factible hacer esta desprogramación y reprogramación, lleva tiempo y esfuerzo por parte de terapeuta y trasplantado, ya que hay que seguir varios pasos, que en una sesión no podrían llevarse a cabo, pero es posible y, cuanto antes se ataje el tema, más fácil y rápido será.