¿Qué aprendió Pedro? Aprendió que su fuerza no era suficiente. Aprendió a orar. Aprendió a escuchar. Aprendió que el fracaso no era su identidad, sino su escuela. Entonces, déjame preguntarte: ¿Qué estás haciendo con tu fracaso? ¿Estás calentándote en el fuego del enemigo, justificando tu pecado porque "ya fallaste una vez"? ¿O estás permitiendo que la mirada de Jesús rompa tu corazón para restaurarlo?