Nadie se aparta de Dios de un día para otro. Siempre hay un proceso. Siempre hay un descenso silencioso, un camino descendente. Y por eso este versículo no es solo una advertencia para todos nosotros, sino que es una invitación. Es un llamado a cuidar lo que escuchamos, lo que permitimos en nuestra mente, lo que comenzamos a tolerar.