A través del Sermón del Monte, Jesús nos enseñó los modelos éticos que debemos seguir para vivir nuestra vida diaria bajo los valores y principios del Reino. Un hijo de Dios debe conducirse en el mundo como un verdadero ciudadano del cielo. En su carta a los filipenses, el apóstol
Pablo exhorta a comportarnos como ciudadanos del Reino, independientemente de las persecuciones, luchas o circunstancias. Su ruego era que nos comportáramos de manera digna del evangelio de Cristo. En las bienaventuranzas, Jesús nos reveló las bendiciones que recibimos cuando vivimos conforme a los valores del Reino. Estos rasgos no son simplemente virtudes, sino distintivos esenciales de quienes verdaderamente pertenecen al Reino de los cielos.