Yoseanny Hernández
“Mientras me negué a confesar mi pecado, mi cuerpo se consumió y gemía todo el día. Día y noche tu mano de disciplina pesaba sobre mí; mi fuerza se evaporó como agua al calor del verano. Finalmente te confesé todos mis pecados y ya no intenté ocultar mi culpa. Me dije: «¡Le confesaré mis rebeliones al Señor», y tú me perdonaste! Toda mi culpa desapareció.”
Salmos 32: 3-5