Un 22 de octubre de 1797, André-Jacques Garnerin utilizó por primera vez el paracaídas en Francia.
Su paracaídas era una especie de paraguas, hecho de seda, sin agujeros que en la actualidad se utilizan para reducir la oscilación.
El descenso de Garnerín fue bastante movido, pero aún así, consiguió aterrizar con éxito y no se mató, convirtiéndose así en el primer ser humano en hacerlo.