Todo empezó con el papá de los tres, Teodoro Flores, que le tenía un profundo odio a Porfirio Díaz, porque no le reconoció ni le recompensó su participación en la batalla del 2 de abril de 1867 contra los franceses.
Ese odio, se los enseñó muy bien a sus hijos, que desde jóvenes participaron en revueltas estudiantiles contra la reelección de Porfirio Díaz.