Tomás González, centrocampista del Valencia en la primera mitad de los 90, tenía el inconfundible aspecto de un empelado de banca y, pese a que siempre rindió lo que se le pedía, eso exasperaba al público de Mestalla.
Tomás González, centrocampista del Valencia en la primera mitad de los 90, tenía el inconfundible aspecto de un empelado de banca y, pese a que siempre rindió lo que se le pedía, eso exasperaba al público de Mestalla.