Un enorme cuadro preside la sala, es el retrato de la dulce Rose Velderkaust, sobrina de Gerard Douw. Su autor, Godfrey Schalken, era el discípulo de Douw y se encontraba perdidamente enamorado de la bella Rose. Aunque aquella pintura no representaba tanto su belleza como el horror que sufrió.
Schalken se encontraba en el salón, desierto, a punto de oscurecer. El silencio lo rompió una fuerte carcajada que provenía de una extraña y oscura figura. Un enorme sombrero impedía discernir sus rasgos.El hombre misterioso se presentaba en aquella sala con una importante petición para Gerard Douw y nadie se la iba a poder negar…