¿Por qué no abrimos nuestro corazón y damos la bienvenida a la gracia celestial, y entonces damos inicio a una nueva temporada en nuestras vidas?
Aunque todas las puertas estén cerradas, todos los caminos bloqueados y la lámpara de la esperanza se haya marchitado, en Cristo tenemos la posibilidad de entrar en un nuevo comienzo.
La vida tiene abierta la posibilidad de cambiar.