El pasado domingo 11 de agosto los priistas acudimos a votar para elegir a nuestro dirigente nacional, un hecho sin precedente y que tuvo un significado importante porque a poco menos de un año de haber perdido la presidencia de la república y cargando un desprestigio de corrupción en el que Peña Nieto y su equipo dejaron postrado al priismo frente al electorado nacional, se les presentaron a los priistas dos reales opciones para dirigir al PRI.