Devocionales con Joel Sierra

Un rey distinto


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Salmo 132:11-18 (La Palabra)
El Señor se lo juró a David, en verdad no va a retractarse: “A uno de tus descendientes
yo pondré sobre tu trono. Si respetan tus hijos mi alianza, los mandatos que voy a enseñarles, también sus hijos se sentarán en tu trono para siempre”.
Porque el Señor ha escogido a Sión, la ha querido por morada suya: “Sión será mi morada para siempre, aquí residiré porque ella me complace. Bendeciré sus provisiones, colmaré de pan a los hambrientos, a sus sacerdotes vestiré de fiesta y sus fieles gritarán de alegría.
Allí haré renacer el poder de David, prepararé una lámpara a mi ungido.
A sus enemigos cubriré de vergüenza, a él lo coronaré de esplendor”.
PENSAR: Para aquel grupo de seguidores de Jesús que iban acompañándolo en el camino a Jerusalén, cantar este salmo de ascenso debió haber tenido un significado muy especial. El salmo dice que Dios prometió a David “construirle una casa”, es decir: establecer una dinastía suya, que nunca dejaría de reinar desde Sion. El rasgo distintivo del reino escogido por Dios es la abundancia de provisiones, y la ausencia de hambre. El culto que se realiza en esa ciudad tiene un aire festivo, es un desborde de alegría por la bendición de Dios. Ahí Dios corona al descendiente de David y lo unge como rey legítimo.
Estas aspiraciones alimentaban el ánimo de los discípulos de Jesús al ir subiendo hacia Jerusalén. Pero el Señor les repetía una y otra vez que ahí lo maltratarían las autoridades del templo, y que lo entregarían a ser ejecutado por el poder extranjero. Y aunque Jesús también acompañó todo anuncio de su muerte con el anuncio de su resurrección, los discípulos no entendían lo que significaban aquellos anuncios. Sin embargo, aunque el Señor Jesús es descendiente de David, y realmente es digno de ser coronado como el rey que restaura la dinastía davídica, el reinado de Cristo es muy diferente al de todos los otros reyes.
El rey David había fundado su dominio sobre un cimiento de sangre, pues fue un rey guerrero. En cambio, el Señor Jesús jamás derramaría la sangre de otro ser humano. Entregó su sangre como rescate de todo aquel que en él cree, abrió el acceso para que gente de toda raza, tribu, lengua y nación pudiéramos entrar al trono de la gracia del Padre celestial, y restauró la dignidad perdida de personas con discapacidad, que en la sociedad de los fariseos habían sido excluidos y condenados como impuros y pecadores.
Por eso, cuando leemos un salmo como este, no podemos dejar de pensar en nuestro Rey de reyes y Señor de señores, que merece ser coronado, no sólo en Sion, sino sobre cielo y tierra, porque es digno de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría, la fuerza, el honor, la gloria y la alabanza.
ORAR: Señor, gracias porque en tu reino hay verdadera justicia y paz por tu inmenso amor. Amén.
IR: Cuando Cristo manda como rey y es coronado de esplendor, nuestra vida experimenta gozo profundo e inefable.
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Devocionales con Joel SierraBy Joel Sierra Cavazos