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Estoy en una etapa de mi vida en la que ir a una plaza de mercado me afecta en gran medida, me gusta su paisaje, colores, texturas y sonidos, la comida disponible es el principal atractivo y me antojo de cuántos implementos de hogar veo. No soy el único, puesto que me sorprende la cantidad de extranjeros que la visitan y, la verdad, por qué no debería ser así.
Hoy el mercado funciona porque sus cimientos son potentes e invisibles: lo que colocó en el piso es mío y no tengo que defender con armas mi propiedad; el otro, el que acude a mí, no es una amenaza, sino alguien que valora, o puede valorar lo que yo tengo; lo que ofrezco en mi puesto no abunda, es escaso y tiene un precio; lo que voy a recibir a cambio de lo mío me servirá más de lo que voy a entregar.
By Andrés GonzalezEstoy en una etapa de mi vida en la que ir a una plaza de mercado me afecta en gran medida, me gusta su paisaje, colores, texturas y sonidos, la comida disponible es el principal atractivo y me antojo de cuántos implementos de hogar veo. No soy el único, puesto que me sorprende la cantidad de extranjeros que la visitan y, la verdad, por qué no debería ser así.
Hoy el mercado funciona porque sus cimientos son potentes e invisibles: lo que colocó en el piso es mío y no tengo que defender con armas mi propiedad; el otro, el que acude a mí, no es una amenaza, sino alguien que valora, o puede valorar lo que yo tengo; lo que ofrezco en mi puesto no abunda, es escaso y tiene un precio; lo que voy a recibir a cambio de lo mío me servirá más de lo que voy a entregar.