En la liguilla de ascenso 90/91, cuando nadie ya creía en el grupo, un milagro abrió a Mérida la puerta de los sueños. Ricardo Sanz logró de penalti, y en el último minuto de los 3960 de la competición lanzó al club a cotas impensables hasta ese momento. Para todos los que lo vivimos... inolvidable.