Una y otra vez, el Señor Jesús saca a la luz la hipocresía de la casta religiosa. Los escribas, sacerdotes, fariseos. Los que han convertido la fe en Dios en un negocio, un espectáculo. Han tergiversado la palabra de Dios con sus tradiciones. Han creado estructuras en las que lo importante no es el amor sino las posiciones de poder y prestigio que cada uno obtiene. Aman ser respetados y admirados, y por eso, sus vidas son pura apariencia.