No hay palabras inocentes en la boca del que práctica la maldad. Duele cuando alguien te ataca, pero duele aún más cuando es tu amigo el que lo hace (Salmo 55).
No hay palabras inocentes en la boca del que práctica la maldad. Duele cuando alguien te ataca, pero duele aún más cuando es tu amigo el que lo hace (Salmo 55).