Todos tenemos que sufrir. ¡Pues que bueno! Dios es tan grande que él no permite que se desperdicie ni una sola pena y dolor en la vida, sino que toma cada una en sus manos cariñosas y la convierte en un sirviente de esperanza. Luego, toma la esperanza de la gloria en Cristo que él mismo plantó en nosotros y nos hace extraordinarios.