Paciencia con los demás y con uno mismo. San Pablo nos lo dice claramente, "Sed amables, humildes y pacientes", pero tengamos en cuenta que la paciencia no algo propio del carácter, es un fruto del Espíritu Santo. No nos desanimemos nunca, Dios no tiene prisa. Señor, a Ti te dejo lo que no puedo alcanzar por mi mismo.