Si queremos entender bien qué es la afabilidad, basta con mirar a Jesús. Él es la afabilidad hecha carne, el rostro amable de Dios. El Papa León en su mensaje para la cuaresma nos invita justamente a cultivar este fruto en nuestra vida: “ayunar y abstenernos de utilizar palabras que afectan y lastiman a nuestro prójimo. Y en su lugar cultivar la amabilidad: en la familia, entre los amigos, en el lugar de trabajo, en medio de los debates, en las redes sociales, etc.