La alegría se aprende haciendo el bien. Hay una alegría que solo llega por un camino: el amor. Cuando ayudamos,
cuando perdonamos,
cuando acompañamos,
cuando regalamos un poco de nuestro tiempo…
el corazón se ensancha
y la alegría se multiplica. La alegría es como una semilla:
si la guardamos para nosotros, se pudre;
si la sembramos en el corazón de otro, florece.