
Sign up to save your podcasts
Or


ORACIÓN INICIAL
Gracias Padre, porque mediante la fe en tu hijo Jesucristo me rescataste de mi vana manera de vivir que hacía que mirara a otros sin ninguna misericordia, pero ahora has transformado mi interior para mirar a mi prójimo de la misma manera que tú lo miras, con amor y compasión. Amén.
LEE LA PALABRA DE DIOS
“Enderezándose Jesús, y no viendo a nadie sino a la mujer, le dijo: Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó? Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más.” Juan 8:10-11
REFLEXIÓN
La mujer encontrada en adulterio era culpable según la ley entregada a Moisés, pero Jesús la miró con ojos de perdón, con una mirada que no condena, una mirada que levanta y restaura, pero…
¿Será que Jesús pasó por alto el pecado de la mujer, sin que haya habido una retribución o pago por ese pecado? Luego, ¿Dios es injusto? No, alguien tuvo que satisfacer las demandas de la ley justa, santa y pura (Romanos 7:12), y ese fue el mensaje de Jesús a las conciencias de todas las personas reunidas allí; lo que Jesús les muestra es que todos han pecado, pero Él, que no tiene pecado, no los condenó porque esa condena que merecían, la iba a tomar Él mismo en la cruz para liberarlos a todos, incluyendo a la mujer y para que siendo libres, no vuelvan a pecar, por esta razón le dice a la mujer: “…Ni yo te condeno; vete, y no peques más”, y también la escritura nos revela esta trascendental enseñanza en Gálatas 3:13: “ Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero ”
Así que, sin derramamiento de sangre no se hace remisión de pecados (Hebreos 9:22b), no hay perdón, por esto Jesús nos mira hoy con la misma mirada que dirigió a la mujer, para que vayamos a sus brazos y entreguemos todo pecado, aceptemos el perdón de Dios y vivamos libres de condenación. Como fruto de nuestra fe en Cristo y de aceptar su gracia, no debemos permitir que el pecado reine en nuestro cuerpo mortal, ni obedecer a sus malos deseos, entonces, podremos mirar a otros con ojos de pureza y santidad, sin condenar, porque también nosotros fuimos rescatados del mal. Ahora, ¿cómo miras a tu prójimo?
By Conexión de VidaORACIÓN INICIAL
Gracias Padre, porque mediante la fe en tu hijo Jesucristo me rescataste de mi vana manera de vivir que hacía que mirara a otros sin ninguna misericordia, pero ahora has transformado mi interior para mirar a mi prójimo de la misma manera que tú lo miras, con amor y compasión. Amén.
LEE LA PALABRA DE DIOS
“Enderezándose Jesús, y no viendo a nadie sino a la mujer, le dijo: Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó? Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más.” Juan 8:10-11
REFLEXIÓN
La mujer encontrada en adulterio era culpable según la ley entregada a Moisés, pero Jesús la miró con ojos de perdón, con una mirada que no condena, una mirada que levanta y restaura, pero…
¿Será que Jesús pasó por alto el pecado de la mujer, sin que haya habido una retribución o pago por ese pecado? Luego, ¿Dios es injusto? No, alguien tuvo que satisfacer las demandas de la ley justa, santa y pura (Romanos 7:12), y ese fue el mensaje de Jesús a las conciencias de todas las personas reunidas allí; lo que Jesús les muestra es que todos han pecado, pero Él, que no tiene pecado, no los condenó porque esa condena que merecían, la iba a tomar Él mismo en la cruz para liberarlos a todos, incluyendo a la mujer y para que siendo libres, no vuelvan a pecar, por esta razón le dice a la mujer: “…Ni yo te condeno; vete, y no peques más”, y también la escritura nos revela esta trascendental enseñanza en Gálatas 3:13: “ Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero ”
Así que, sin derramamiento de sangre no se hace remisión de pecados (Hebreos 9:22b), no hay perdón, por esto Jesús nos mira hoy con la misma mirada que dirigió a la mujer, para que vayamos a sus brazos y entreguemos todo pecado, aceptemos el perdón de Dios y vivamos libres de condenación. Como fruto de nuestra fe en Cristo y de aceptar su gracia, no debemos permitir que el pecado reine en nuestro cuerpo mortal, ni obedecer a sus malos deseos, entonces, podremos mirar a otros con ojos de pureza y santidad, sin condenar, porque también nosotros fuimos rescatados del mal. Ahora, ¿cómo miras a tu prójimo?