Por Pablo Callejón
Lucía se sentía muy sola, débil, casi inconsciente. Los dolores en sus brazos piernas parecían mantenerla despierta. Recordó haber caminado una cuadra y media desde el boliche hasta alcanzar la vereda de una casa cualquiera. También pudo memorizar un fuerte empujón y el golpe de su cabeza contra la vereda. Estaba recostada sobre una verja y no podía moverse. No hay más recuerdos. Con el cuerpo entumecido y la ropa destrozada, pudo advertir al agente policial que les hizo algunas preguntas. El joven a su lado le respondió que habían estado en el río y la ayudó a levantarse. Una vecina había alertado minutos antes al 101 sobre “alguien que gritaba” y la repetición de “muchos ruidos”. Lucía no podía recordar nada. El joven la abrazó y empezaron a caminar. Ella no tenía su teléfono y buscó a un amigo. Le dijeron que tenía el cuello marcado y no les pudo precisar por qué. Miró a su alrededor y el joven que la había acompañado ya no estaba. Todo ocurrió durante la madrugada del 15 de marzo del 2019.
La víctima había salido aquella noche a Factory XL junto a un grupo de amigas. En el vip del boliche se encontraron con otras tres personas. Lucía no las conocía. Comenzaron a tomar alcohol, algo de vodka, un Campari, un balde de ginebra. Cuando ingresaron en la pista, alguien le acercó un fernet. A los pocos minutos comenzó a sentirse confundida. A partir de ese momento, solo pudo recordar flashes. Algunas situaciones las reconstruyó después, por el relato de sus amigas....