La Casa Blanca ha presentado la anunciada reforma tributaria. Prometida durante la campaña electoral del año pasado al final ha quedado un tanto descafeinada porque los compromisos de gasto de Estados Unidos son tales que era poco menos que imposible rebajar mucho más. Pero, siendo incluso mucho menos ambiciosa de lo que se prometía, es una reforma que va en la buena dirección, que implica bajadas reales de impuestos y que tendrá consecuencias positivas en la economía norteamericana.
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