Todo el que es de Dios dobla sus rodillas en oración, ayuna y confiesa el nombre de Jesucristo, como el Señor. En el Cielo tendremos un nombre nuevo y habrá una sola Iglesia: la de los redimidos por la sangre de Jesucristo. Dice la Biblia que un día, seremos como los ángeles y tendremos bendiciones indecibles. Por la fe, Cristo habita en nuestros corazones y nos colma de su amor.