Jesús es el vivo ejemplo de tener un buen tacto en todos los sentidos de la palabra, desde esa sensación benefactora de sentirle, de revelarse en el poder de su Santo espíritu y siendo cobijados con el abrazo del padre.
Jesús es el vivo ejemplo de tener un buen tacto en todos los sentidos de la palabra, desde esa sensación benefactora de sentirle, de revelarse en el poder de su Santo espíritu y siendo cobijados con el abrazo del padre.