Nehemías 8:9 (La Palabra)
El gobernador Nehemías, el sacerdote y escriba Esdras y los levitas que enseñaban a la gente dijeron a todo el pueblo: — Hoy es un día dedicado al Señor, su Dios. No se entristezcan ni lloren. Y es que el pueblo lloraba al oír las palabras de la Ley.
PENSAR: ¡Qué bueno que hay ministerio educativo en la iglesia! En el capítulo ocho de Nehemías se mencionan 26 nombres de maestros que explicaban el texto. Esto es maravilloso. Es una bendición tener maestros. Es un don que Dios le da a su pueblo, para que comprendamos las Escrituras. Aquellos maestros explicaban al pueblo las Escrituras en dos sentidos.
Primero, para aplicar el texto al momento que se vive. El pueblo se dio cuenta que estaban viviendo sin obedecer a las Escrituras. Estaban en el séptimo mes y no estaban celebrando la fiesta de los tabernáculos. Por eso había que aplicar el texto. No sólo se trataba de leer el texto con nostalgia de tiempos pasados. Tal vez por eso se ponían a llorar, rememorando las glorias pasadas. O tal vez se ponen a llorar precisamente por arrepentimiento, por sentirse tan lejos del tipo de vida que describe la palabra. El punto es que los maestros les ayudaron a aplicar el texto al momento que estaban viviendo. Así también nosotros debemos aplicar los textos sagrados a nuestro tiempo.
Además, para obedecer de manera concreta lo que manda la palabra. Si decimos que la Biblia nos manda someternos unos a otros, tenernos paciencia mutuamente, amar a nuestros enemigos, pues hay que obedecer de manera concreta. La Biblia nos manda perdonar y no guardar rencores, no provocar a ira a nuestros hijos, sino criarlos en la disciplina y la amonestación del Señor, amar a nuestra esposa y dar la vida por ella tal como lo hizo Cristo por su iglesia, respetar a las personas que trabajan bajo nuestra supervisión, y no ejercer agresiones ni maltratos, ni amenazas ni insultos, hay que obedecer todos estos mandatos concretos.
Por eso también entendemos la relación entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. En la historia de Cristo se han cumplido todas las prescripciones para el sacrificio, porque nuestro Cordero, JesuCristo, ha sido el sacrificio perfecto, y ya no es necesario seguir sacrificando ovejas. De ese modo hay también formas de leer las Escrituras para saber aplicarlas a nuestro momento y para obedecer de manera concreta. El Señor es el mismo ayer, hoy y por los siglos; el cielo y la tierra pasarán, pero sus palabras no pasarán. Su intención es eterna, su mandamiento permanece para siempre en su sentido espiritual, que nos revela el corazón de Dios.
Así, el pueblo se dio cuenta que era necesario hacer una fiesta en el séptimo mes. No sabían nada sobre esa fiesta, y quisieron obedecer. Y así fue. Vieron que tenían que poner en práctica los mandamientos de las Escrituras y no quedarse sólo en las lágrimas, sino pasar a la práctica.
ORAR: Dios, gracias por tu palabra de vida y por los maestros y maestras que nos ayudan a aplicarla hoy. Ayúdanos a encontrar tu corazón en el fondo de cada mandamiento. Amén.
IR: Nuestra manera de vivir debe testificar del gran amor de Dios por su mundo.