Cuantas veces damos las cosas por hecho y dejamos de valorarlas. El Salmo 137:1-3 narra como el pueblo de Israel lamenta y llora mientras es llevado cautivo a Babilonia, no se habían dado cuenta de la bendición que era para ellos la ciudad de Sión y ahora anhelan estar nuevamente en ese lugar donde moraba la presencia de Dios.