
Sign up to save your podcasts
Or


13 Y dijo Balac: Te ruego que vengas conmigo a otro lugar desde el cual los veas; solamente los más cercanos verás, y no los verás todos; y desde allí me los maldecirás. 14 Y lo llevó al campo de Zofim, a la cumbre de Pisga, y edificó siete altares, y ofreció un becerro y un carnero en cada altar. 15 Entonces él dijo a Balac: Ponte aquí junto a tu holocausto, y yo iré a encontrar a Dios allí. 16 Y Jehová salió al encuentro de Balaam, y puso palabra en su boca, y le dijo: Vuelve a Balac, y dile así.
19
Dios no es hombre, para que mienta,
Ni hijo de hombre para que se arrepienta.
Él dijo, ¿y no hará?
Habló, ¿y no lo ejecutará?
20
He aquí, he recibido orden de bendecir;
Él dio bendición, y no podré revocarla.
21
No ha notado iniquidad en Jacob,
Ni ha visto perversidad en Israel.
Jehová su Dios está con él,
Y júbilo de rey en él.
22
Dios los ha sacado de Egipto;
Tiene fuerzas como de búfalo.
23
Porque contra Jacob no hay agüero,
Ni adivinación contra Israel.
Como ahora, será dicho de Jacob y de Israel:
¡Lo que ha hecho Dios!
25 Entonces Balac dijo a Balaam: Ya que no lo maldices, tampoco lo bendigas. 26 Balaam respondió y dijo a Balac: ¿No te he dicho que todo lo que Jehová me diga, eso tengo que hacer?
Números 23:13-16 / 19-23 / 25-26
3 Y Balaam dijo a Balac: Ponte junto a tu holocausto, y yo iré; quizá Jehová me vendrá al encuentro, y cualquiera cosa que me mostrare, te avisaré. Y se fue a un monte descubierto. 4 Y vino Dios al encuentro de Balaam, y este le dijo: Siete altares he ordenado, y en cada altar he ofrecido un becerro y un carnero. 5 Y Jehová puso palabra en la boca de Balaam, y le dijo: Vuelve a Balac, y dile así.
8 ¿Por qué maldeciré yo al que Dios no maldijo?
¿Y por qué he de execrar al que Jehová no ha execrado?
9 Porque de la cumbre de las peñas lo veré,
Y desde los collados lo miraré;
He aquí un pueblo que habitará confiado,
Y no será contado entre las naciones.
11 Entonces Balac dijo a Balaam: ¿Qué me has hecho? Te he traído para que maldigas a mis enemigos, y he aquí has proferido bendiciones. 12 Él respondió y dijo: ¿No cuidaré de decir lo que Jehová ponga en mi boca?
Números 23:3-5 / 8-9 / 11-12
¿Alguna vez has querido mover un camión de carga con un sólo dedo? O ¿Qué tal saltar el crater de un volcán de un sólo impulso? O quizá correr a la velocidad de la luz? No? Lo más probable es que tu respuesta a todas estas afirmaciones sean negativas, porque sencillamente son imposibles. No tiene el más mínimo sentido intentarlo.
De la misma forma, no tiene el más mínimo sentido intentar maldecir lo que Dios ya bendijo. Es imposible cambiar, quitar o cancelar lo que Dios ya determinó en su soberano plan.
“36 Oyendo Balac que Balaam venía, salió a recibirlo a la ciudad de Moab, que está junto al límite de Arnón, que está al extremo de su territorio. 37 Y Balac dijo a Balaam: ¿No envié yo a llamarte? ¿Por qué no has venido a mí? ¿No puedo yo honrarte? 38 Balaam respondió a Balac: He aquí yo he venido a ti; mas ¿podré ahora hablar alguna cosa? La palabra que Dios pusiere en mi boca, esa hablaré. 39 Y fue Balaam con Balac, y vinieron a Quiriat-huzot. 40 Y Balac hizo matar bueyes y ovejas, y envió a Balaam, y a los príncipes que estaban con él.”
Números 22:36-40
En la vida, muchas veces vamos a enfrentar situaciones incomodas o dificiles. Situaciones en las que sera dificil saber que palabras decir, o como responder, sobre todo cuando nuestras convicciones se ven confrontadas por nuestras conveniencias.
En la lectura del dia de hoy, Balaam se vio en una de esas situaciones, cuando el rey Balac lo confronto por no haber respondido inmediatamente de manera positiva a su convocatoria. Cuando Balac le dijo en el versiculo 37, “no envie yo a llamarte?” En cierta manera estaba cuestionando que Balaam no tomo en cuenta que era un rey el que lo estaba llamando, y no un cualquiera, ninguneando su autoridad, su influencia o poderio terrenal.
“31 Entonces Jehová abrió los ojos de Balaam, y vio al ángel de Jehová que estaba en el camino, y tenía su espada desnuda en su mano. Y Balaam hizo reverencia, y se inclinó sobre su rostro. 32 Y el ángel de Jehová le dijo: ¿Por qué has azotado tu asna estas tres veces? He aquí yo he salido para resistirte, porque tu camino es perverso delante de mí. 33 El asna me ha visto, y se ha apartado luego de delante de mí estas tres veces; y si de mí no se hubiera apartado, yo también ahora te mataría a ti, y a ella dejaría viva. 34 Entonces Balaam dijo al ángel de Jehová: He pecado, porque no sabía que tú te ponías delante de mí en el camino; mas ahora, si te parece mal, yo me volveré. 35 Y el ángel de Jehová dijo a Balaam: Ve con esos hombres; pero la palabra que yo te diga, esa hablarás. Así Balaam fue con los príncipes de Balac.”
Números 22:31-35
¿Algunas veces has pensado que harías las cosas del pasado diferentes si hubieras sabido en ese entonces lo que sabes ahora? Por ejemplo, muchas veces cargamos con consecuencias por actuar impulsivamente, sin pararnos a pensar, a orar o a observar cuidadosamente lo que pasa a nuestro alrededor, llevándonos así a sufrimientos que nos pudiésemos habido ahorrar.
Algo similar le pasó a Balaam en la porción que leemos para la meditación de este día. En vez de haber parado en su camino cuando el asna empezó a actuar erráticamente, para poner atención a lo que estaba sucediendo; para orar a Dios y pedirle claridad en su mente y en su mirada sobre lo que estaba sucediendo, azotó más y más fuerte al asna, queriendo forzar su avance.
Su mirada estaba tan desviada o sesgada, que hasta empezó a hablar con el asna como si fuera algo de lo más normal, en vez de procurar hablar con Dios para comprender lo extraño de los acontecimientos.
No fue sino hasta que Dios abrió los ojos de Balaam, que éste pudo ver y comprender lo perverso de su caminar, y el por qué se estaba encontrando con tanta resistencia en su camino.
“21 Así Balaam se levantó por la mañana, y enalbardó su asna y fue con los príncipes de Moab. 22 Y la ira de Dios se encendió porque él iba; y el ángel de Jehová se puso en el camino por adversario suyo. Iba, pues, él montado sobre su asna, y con él dos criados suyos. 23 Y el asna vio al ángel de Jehová, que estaba en el camino con su espada desnuda en su mano; y se apartó el asna del camino, e iba por el campo. Entonces azotó Balaam al asna para hacerla volver al camino. 24 Pero el ángel de Jehová se puso en una senda de viñas que tenía pared a un lado y pared al otro. 25 Y viendo el asna al ángel de Jehová, se pegó a la pared, y apretó contra la pared el pie de Balaam; y él volvió a azotarla. 26 Y el ángel de Jehová pasó más allá, y se puso en una angostura donde no había camino para apartarse ni a derecha ni a izquierda. 27 Y viendo el asna al ángel de Jehová, se echó debajo de Balaam; y Balaam se enojó y azotó al asna con un palo. 28 Entonces Jehová abrió la boca al asna, la cual dijo a Balaam: ¿Qué te he hecho, que me has azotado estas tres veces? 29 Y Balaam respondió al asna: Porque te has burlado de mí. ¡Ojalá tuviera espada en mi mano, que ahora te mataría! 30 Y el asna dijo a Balaam: ¿No soy yo tu asna? Sobre mí has cabalgado desde que tú me tienes hasta este día; ¿he acostumbrado hacerlo así contigo? Y él respondió: No.”
Números 22:21-30
El mundo espiritual es muy real, pero nuestros ojos humanos la mayoría de las veces no lo logran percibir. Nuestra mirada generalmente está sintonizada únicamente para discernir esta dimensión material en la que vivimos, pero más allá de eso hay una dimensión espiritual que sólo podemos percibir con la ayuda de Dios.
En un sentido, se podría decir que nuestra rebeldía natural en contra de Dios y su palabra es la manifestación de esa ceguera espiritual de la que hemos venido hablando. No obstante, el hecho de que nos opongamos a ver la dimensión espiritual, no quiere decir que no se encuentre ahí, y que afecte nuestro mundo material.
“15 Volvió Balac a enviar otra vez más príncipes, y más honorables que los otros; 16 los cuales vinieron a Balaam, y le dijeron: Así dice Balac, hijo de Zipor: Te ruego que no dejes de venir a mí; 17 porque sin duda te honraré mucho, y haré todo lo que me digas; ven, pues, ahora, maldíceme a este pueblo. 18 Y Balaam respondió y dijo a los siervos de Balac: Aunque Balac me diese su casa llena de plata y oro, no puedo traspasar la palabra de Jehová mi Dios para hacer cosa chica ni grande. 19 Os ruego, por tanto, ahora, que reposéis aquí esta noche, para que yo sepa qué me vuelve a decir Jehová. 20 Y vino Dios a Balaam de noche, y le dijo: Si vinieron para llamarte estos hombres, levántate y vete con ellos; pero harás lo que yo te diga.”
Números 22:15-20
Pocas cosas pueden cegar la vista y el corazón del hombre como las riquezas terrenales. Desde la persona que se encuentra en una posición económica precaria, hasta la que es muy privilegiada económicamente, todas y todos somos vulnerables a ser cegados por la codicia o el amor al dinero. De hecho, en mi país hay un dicho que resume esta vulnerabilidad de una manera muy simple: “en arca abierta, hasta el justo peca”.
De hecho, el amor al dinero es tan peligroso que puede hacer que la mirada de las personas esté encadenada a los placeres y metas terrenales, cegándonos por completo en cuanto a los tesoros celestiales, que son mucho más importantes y cuyo valor es eterno, como lo dice Lucas 12:15-21
“5 Por tanto, envió mensajeros a Balaam hijo de Beor, en Petor, que está junto al río en la tierra de los hijos de su pueblo, para que lo llamasen, diciendo: Un pueblo ha salido de Egipto, y he aquí cubre la faz de la tierra, y habita delante de mí. 6 Ven pues, ahora, te ruego, maldíceme este pueblo, porque es más fuerte que yo; quizá yo pueda herirlo y echarlo de la tierra; pues yo sé que el que tú bendigas será bendito, y el que tú maldigas será maldito.
7 Fueron los ancianos de Moab y los ancianos de Madián con las dádivas de adivinación en su mano, y llegaron a Balaam y le dijeron las palabras de Balac. 8 Él les dijo: Reposad aquí esta noche, y yo os daré respuesta según Jehová me hablare. Así los príncipes de Moab se quedaron con Balaam. 9 Y vino Dios a Balaam, y le dijo: ¿Qué varones son estos que están contigo? 10 Y Balaam respondió a Dios: Balac hijo de Zipor, rey de Moab, ha enviado a decirme: 11 He aquí, este pueblo que ha salido de Egipto cubre la faz de la tierra; ven pues, ahora, y maldícemelo; quizá podré pelear contra él y echarlo. 12 Entonces dijo Dios a Balaam: No vayas con ellos, ni maldigas al pueblo, porque bendito es. 13 Así Balaam se levantó por la mañana y dijo a los príncipes de Balac: Volveos a vuestra tierra, porque Jehová no me quiere dejar ir con vosotros. 14 Y los príncipes de Moab se levantaron, y vinieron a Balac y dijeron: Balaam no quiso venir con nosotros.”
Números 22:5-14
Uno de los principios de la investigación científica es la observación. Se dice que todo aquello que es observable y medible, pasa de un plano subjetivo a uno objetivo, y por tanto puede moverse de ser una mera hipótesis a un hecho comprobable.
No obstante, y como hemos venido aprendiendo a través de esta serie de devocionales, hasta nuestros mismos ojos nos pueden engañar. Nuestra visión humana es limitada y engañosa.
En la lectura de hoy, seguimos encontrando una serie de principios que nos ayudarán a enfocar mejor nuestra mirada para poder caminar por esta vida con un paso más seguro.
Partieron los hijos de Israel, y acamparon en los campos de Moab junto al Jordán, frente a Jericó. 2 Y vio Balac hijo de Zipor todo lo que Israel había hecho al amorreo. 3 Y Moab tuvo gran temor a causa del pueblo, porque era mucho; y se angustió Moab a causa de los hijos de Israel. 4 Y dijo Moab a los ancianos de Madián: Ahora lamerá esta gente todos nuestros contornos, como lame el buey la grama del campo. Y Balac hijo de Zipor era entonces rey de Moab.
Números 22:1-4
Una de las experiencias más extraordinarias de vivir con Dios y para Dios es la de vivir por fe, y no por vista.
En 2 Corintios 5:6-7 dice:
6 Así que siempre vivimos en plena confianza, aunque sabemos que mientras vivamos en este cuerpo no estamos en el hogar celestial con el Señor. 7 Pues vivimos por lo que creemos y no por lo que vemos.
En este sentido, caminar con Cristo implica dar pasos en esta vida sobre una superficie invisible al ojo humano, pero que se puede discernir completamente cuando se ve a través del ojo de la fe.
En nuestra lectura de hoy, aprendemos sobre un rey cuya mirada carecía del filtro de la fe, y cuya vista únicamente podía percibir lo terrenal.
4 Después partieron del monte de Hor, camino del Mar Rojo, para rodear la tierra de Edom; y se desanimó el pueblo por el camino. 5 Y habló el pueblo contra Dios y contra Moisés: ¿Por qué nos hiciste subir de Egipto para que muramos en este desierto? Pues no hay pan ni agua, y nuestra alma tiene fastidio de este pan tan liviano. 6 Y Jehová envió entre el pueblo serpientes ardientes, que mordían al pueblo; y murió mucho pueblo de Israel. 7 Entonces el pueblo vino a Moisés y dijo: Hemos pecado por haber hablado contra Jehová, y contra ti; ruega a Jehová que quite de nosotros estas serpientes. Y Moisés oró por el pueblo. 8 Y Jehová dijo a Moisés: Hazte una serpiente ardiente, y ponla sobre un asta; y cualquiera que fuere mordido y mirare a ella, vivirá. 9 Y Moisés hizo una serpiente de bronce, y la puso sobre un asta; y cuando alguna serpiente mordía a alguno, miraba a la serpiente de bronce, y vivía.
Números 21:4-9
Seguramente habrás escuchado o leído la frase “Somos lo que comemos”, una expresión cuyo mensaje indica que aquello que consumimos determinará en gran medida nuestro estado físico o nuestro estado de salud.
No obstante, la acción de consumir no es realizada únicamente mediante la vía oral, sino que también consumimos todo aquello que vemos y oímos. Nuestros ojos y oídos también son vías importantes que moldean lo que somos.
En nuestra lectura de hoy vemos una historia interesante donde la vida misma de los israelitas dependía de dónde ponían su mirada.
From the publisher's feed