Tres grandes etapas presenta la poesía de Vicente Aleixandre (1898-1984): juventud, madurez, vejez. Como un ser vivo.
A la primera, pertenece el gran ciclo neorromántico (Espadas como labios, La destrucción o el amor), en el que el deseo es la fuerza cósmica que destruye toda individualidad para fusionarla en unidad armónica con todo lo creado.
A la segunda, la madurez, pertenece el otro gran ciclo aleixandrino (Historia del corazón y toda la extraordinaria prosa de Los encuentros): la etapa de su poesía cordial, que busca el encuentro y la comunicación con el otro ser humano y que tanto aliento y orientación proporcionaría a la llamada poesía social de la gris posguerra.
A la última etapa pertenece otro de los grandes libros de Aleixandre: Poemas de la consumación, en donde con un lenguaje elíptico, cortante en ocasiones, pero siempre elegante, nos transmite su experiencia de la vejez como etapa vital desagradable e inútil –fin, no se olvide, de una vida en la que la enfermedad y el dolor lo acompañaron como perros fieles.
En todo momento –joven, maduro o viejo- se nos muestra Aleixandre generoso, agudo, elegante, sensible, veraz, cordial. Como el caballero que siempre fue. Y como caballero, fue siempre la suya palabra de honor.
CRÉDITOS:
1. Presentación/Fernando Alcaine/ Arthur Honegger
2. A ti, viva – Manuel Alcaine/ Arthur Honegger
3. Unidad en ella – Chus Sanjuán/ Arthur Honegger
4. Mano entregada – Elena Parra/ Arthur Honegger
5. En la Plaza – Elena Parra/ Arthur Honegger
6. Llueve – Fernando Alcaine/ Arthur Honegger
7. El olvido – Lola Orti/ Arthur Honegger